Tras La Marca de Odín #12: Creando una saga (III) | La Marca de Odín

Tras La Marca de Odín #12: Creando una saga (III)

Imagen de Odin

Vuelvo a retomar la sub-serie de ‘Creando una saga’ con una nueva entrega en la que sigo ampliando detalles sobre el proceso de creación y documentación que seguí para dar vida al universo y la saga de ‘La marca de Odín’. En este tercer capítulo me centro en el apartado de las localizaciones, de como me documenté para recrear los lugares que aparecen en el libro.

Cuando uno se plantea una saga como es ‘La marca de Odín’ en la que en su primera entrega todas las localizaciones son reales, tiene claro que es de gran importancia ser fiel a la realidad. Los lugares que aparecen en la historia deben respetar la fidelidad de sus referentes reales y los que son de ficción deben poder encajar a la perfección. Por otro lado, las localizaciones imaginarias deben estar a la par en realismo, para mantener una sincronía que haga que al lector no le choque el pasar de la descripción de un sitio que existe de otro que no. Evidentemente, otro factor muy importante es el de mantener una coherencia en las leyes físicas y naturales que afectan a las localizaciones. Y si estas cambian, deben tener una justificación coherente. No es lo mismo la gravedad y sus efectos en la Tierra que en la Luna por ejemplo.

Bien, a la hora de afrontar la documentación de las localizaciones me encontré con dos situaciones completamente diferentes. La primera era la de los lugares que ya conocía y había visto. Como bien sabéis la ciudad de Sevilla es la gran localización principal de ‘La marca de Odín: El despertar’. Para mí era importante poder reflejar la ciudad tal como es y poder encajar dentro  de ella los cambios notables que experimenta en la versión alternativa que presento. La segunda era todas aquellas localizaciones que son reales pero que nunca había estado en ellas o bien aquellas que son completamente imaginadas y no existen, o al menos todavía no tenemos constancia de ello ;).

Como la mayoría sabéis, la ciudad de Sevilla es uno de los pilares centrales del primer libro como localización. Llevo desde los quince años viviendo aquí, a excepción de mi etapa en Zurich y Oslo, y puedo decir que conozco bastante bien sus calles. Recrear sus lugares que aparecen era tan sencillo como tirar de mis propias experiencias y recuerdos, o simplemente salir a pasear y volver a mirar aquellos sitios que me encajaban para la historia pero que todavía no los había visto con los ojos de alguien que quería usarlos para recrear una historia de ficción.

En este sentido hay un ejemplo muy claro. Dos restaurantes que aparecen en el libro. Uno es real, PURATASCA, que es donde cenan Eva y Luis en un momento de la trama. Su recreación es muy fiel a la realidad y si los lectores lo visitan podrán descubrir que lo que describo es completamente fiel a lo que se encontrarán. El otro es el restaurante donde se celebra el cumpleaños de Luis, ‘Los Viajeros’, un restaurante que realmente no existe, pero que podría encajar con muchos de la zona de la Alameda de Hércules de Sevilla. En un caso me limité a describir algo que ya existía, en el otro cogí una idea preconcebida y la encajé en un entorno para adecuarlo a mis necesidades.

¿Pero qué pasa cuando necesitas ver una ciudad de Sevilla desde un punto de vista que no puedes alcanzar a pie de calle? ¿O un lugar al que no te puedes desplazar? Pues hoy en día podemos contar con una poderosa herramienta gratuita como es Google Earth con la que visitar cualquier lugar del mundo y verlo desde diferentes puntos de vista. Gracias a ella pude encontrar nuevas localizaciones y perfeccionar la visión que tenía de otras que ya conocía.
 

Ejemplo de ello es el Área 51. En realidad es la Base Aérea de Groom Lake como ya sabéis los que habéis leído el libro. Resulta curioso como desde Google Earth se pueden ver todas las instalaciones superficiales de esta base militar norteamericana, pero en cambio la Base Aérea de Morón esté censurada. A uno le da que pensar si realmente lo que nos muestra Google Earth sean imágenes reales o solo un montaje para hacer el tapadillo. Sea como sea, me basé en ellas a la hora de recrear dicha base en el segundo capítulo del libro en el que Jack Preston y Kira Takeda deben mostrar el potencial del X-56 Fénix.

Lo mejor de Google Earth es que no solo nos permite visitar lugares de la Tierra, tanto de su superficie terrestre como de la submarina, sino que podemos trasladarnos a la Luna o a Marte y descubrir increíbles lugares. Más aún, me sirvió también para rastrear el cielo y tomar muchas decisiones de las que seréis conscientes en las siguientes entregas de la saga.


¿Pero qué sucede con aquellos lugares imaginarios? Pues evidentemente la imaginación es la principal fuente de la que uno tira. Ya que aunque uno tenga una imaginación poderosa una de las maneras de reforzar esas imágenes mentales es utilizando otras reales y superponerlas. En este sentido aproveché mi viaje a Nueva Zelanda en 2009 para documentar un sinfín de posibles localizaciones que me sirvieran para diferentes lugares de la saga, fueran ficticios o no. 

En total tomé alrededor de 3.000 fotografías de diferentes puntos de Nueva Zelanda. Si no habéis estado es un país increíble. Especialmente por su gran contraste de entornos, de paisajes. Muchos de los lugares que visité alimentaron luego mi imaginación para de esta forma lograr visualizar perfectamente lugares muy diferentes y lejanos de nuestra querida Tierra.

Al final de lo que se trata es de combinar todas las fuentes de inspiración que tiene uno para obtener el mejor resultado y lograr que los lugares que se presentan a los lectores sean creíbles, pero también despierten la imaginación y sean capaces de transmitir todo tipo de sensaciones. Terror, maravilla, frenesí, belleza, soledad…

Con esto finalizó por ahora. Más adelante, una vez que hayamos avanzado todos en la siguiente gran etapa de la saga de ‘La marca de Odín’ podremos profundizar sobre otro tipo de localizaciones, digamos, más especiales, y de cómo llegué a recrearlas.


¡Recordad, todo está conectado!

Xavier Marcé
 




 

 

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